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La Felicidad: El derecho que olvidamos reclamar

  • coachviera
  • 21 ene
  • 3 Min. de lectura

La Felicidad: El derecho que olvidamos reclamar


El ruido de la alegría vs. el silencio del derecho

Cierra los ojos un momento y piensa en la última vez que alguien te habló de la felicidad. Probablemente, la imagen que vino a tu mente fue una sonrisa brillante, un brindis, unas vacaciones o un éxito alcanzado. Vivimos en la era de la "alegría obligatoria", donde el bombardeo de imágenes y mensajes nos exige estar eufóricos y mostrar nuestra mejor cara en una vitrina digital.


Sin embargo, hay un silencio ensordecedor sobre la felicidad real, esa que no depende de un filtro de Instagram. Nos han vendido la alegría como un producto de consumo —momentánea y ruidosa—, pero nos han hecho olvidar que la felicidad es, en esencia, un derecho fundamental de nuestra existencia. Reclamar la felicidad como un derecho significa dejar de verla como un evento afortunado que nos "sucede" y empezar a entenderla como la base sobre la cual deberíamos construir cada decisión de nuestra vida.



El mito del "Premio al Sacrificio"

Desde pequeños, nos han insertado un chip lógico muy peligroso: la felicidad es la recompensa que recibes después de pasar por el aro. "Estudia ahora para que seas feliz cuando te gradúes", "Esfuérzate en este trabajo que no te gusta para que seas feliz cuando asciendas", "Sacrifícate hoy para que seas feliz cuando te jubiles".


Bajo esta narrativa, la felicidad se convierte en un rehén del futuro. Se transforma en una meta que siempre está a un kilómetro de distancia de donde estamos parados. Esta lógica nos convierte en eternos residentes de una "sala de espera" existencial. Pero si aceptamos que la felicidad es un derecho, el paradigma cambia por completo: ya no es el premio al final de la carrera, sino el suelo que pisamos mientras corremos. No tienes que "ganarte" el permiso de estar en paz; ese permiso ya te fue otorgado al nacer.



¿Qué significa realmente que sea un "Derecho"?

Hablar de la felicidad como un derecho no es un ejercicio poético; es una postura política y existencial. Cuando decimos que tenemos derecho a la salud o a la libertad, entendemos que son condiciones mínimas para vivir con dignidad. Con la felicidad ocurre lo mismo. Si la despojamos de su carácter de "lujo", entendemos que no es algo que deba ser negociado.

Reclamar este derecho implica tres verdades fundamentales:


  1. No tienes que pedir permiso: A menudo consultamos con nuestro entorno, con nuestras responsabilidades e incluso con nuestra culpa si "podemos" ser felices. Un derecho no se consulta, se ejerce.

  2. No es egoísmo, es responsabilidad: Así como cuidar tu salud ayuda a los que te rodean, ejercer tu derecho a la felicidad te permite ser un mejor ciudadano, un mejor padre, un mejor amigo. Una persona que reconoce su derecho a la paz no busca quitársela a los demás.

  3. Es independiente de las circunstancias: Los derechos humanos no desaparecen cuando las cosas van mal; al contrario, es cuando más se deben defender. Tu derecho a la felicidad permanece intacto incluso en los días oscuros, porque es tu ancla, no tu vela.



El puente hacia la acción: De la teoría a la práctica

Reconocer que tienes derecho a la felicidad es como despertar en una habitación donde siempre estuviste, pero con la luz encendida por primera vez. Es un alivio, sí, pero también es una gran responsabilidad. Un derecho que no se reclama es como una ley que nadie aplica: se queda muerta en el papel.


Sin embargo, aquí surge el gran desafío. Reconocer el derecho es el "qué", pero la vida cotidiana nos exige el "cómo". No basta con saber que la felicidad nos pertenece si no sabemos cómo defenderla cuando el mundo parece ir en contra.

Para que este derecho sea real y no solo una idea bonita, necesitamos una herramienta que esté bajo nuestro control total. Esa herramienta no es el dinero, ni el éxito, ni la suerte. Es la actitud. Pero de cómo esa actitud se convierte en la firma que valida nuestro derecho cada mañana, hablaremos en nuestra próxima entrega.



¿Sientes que tienes el derecho, pero no sabes por dónde empezar a reclamarlo?

A veces, el camino hacia una vida coherente y plena requiere de un acompañamiento que te ayude a derribar esos mitos del sacrificio y la culpa que hemos cargado por años. Si estás listo para dejar de pedir permiso y empezar a diseñar una vida basada en tu derecho a la felicidad, estoy aquí para trabajar contigo.



Soy el Coach Julio Viera, y mi propósito es apoyarte en este proceso de transformación.

Hablemos y empecemos a construir esa realidad que te pertenece.

 

 
 
 

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